La tesis principal de Scanlon es que existen dos
interpretaciones posibles del Equilibrio Reflexivo (ER). De acuerdo a la
Interpretación Descriptiva, ER es un procedimiento cuyo objetivo es
“caracterizar la concepción de la justicia sostenida por una cierta persona o
grupo”. En contraste, la llamada Interpretación Deliberativa describe a ER como
un método para hallar las creencias correctas acerca de la justicia. Scanlon
afirma, por su parte, que es la segunda la que más se adecua al pensamiento del
propio Rawls.
De acuerdo a esta
breve (y bastante general) caracterización de las interpretaciones de ER, podemos
hacernos varias preguntas.
1. La más obvia es, naturalmente, si es cierto que la
interpretación deliberativa es la que mejor coincide con el pensamiento de
Rawls.
2. Por otro lado,
podríamos preguntarnos si la distinción entre las dos interpretaciones es tan
radical como aparece a primera vista, y si no se trata antes bien de una
cuestión de grado. La interpretación descriptiva, en cierta forma, se propone
identificar un cierto conjunto consistente de creencias, con diverso grado de
generalidad, acerca de la justicia, con la esperanza de encontrar, una vez
hechos los ajuste adecuados, un cierto orden, una organización sistemática de
las creencias de las personas, o, como mínimo, una cierta predisposición
psicológica a responder a ciertas cuestiones de una manera uniforme. Pues bien,
un rasgo que plausiblemente podemos encontrar, una vez que hemos procedido a
evaluar nuestras creencias, consiste en una renuencia a aceptar como válidas
ciertas creencias (incluyendo las clases de razones que se dan en su favor) que
se encuentran demasiado alejadas de aquellas a la que otorgamos una prioridad
especial (ya sea en la forma de creencia religiosa, sentido común, “intuición
moral”, etc). La versión deliberativa, por su parte, parece implicar algo más
que un mecanismo para identificar qué creemos acerca de la justicia en un
cierto momento, parece apuntar a una idea de corrección: queremos saber qué es
actuar justificadamente, y el procedimiento de confrontar nuestras creencias
reflexivamente con otros conjuntos de creencias (Wide ER) parece implicar la
idea de que dicha confrontación nos llevaría a modificar nuestras creencias a
la luz de las razones aportadas por otros. Pero, si es cierto que tendemos a
comportarnos de manera conservadora respecto a nuestras creencias fundamentales
(o, dicho de otra manera, si existe un límite a las modificaciones que
estaríamos dispuestos a hacer respecto a nuestras creencias, y decididamente
rehusaríamos modificar creencias fundamentales, o siquiera discutirlas) la
interpretación deliberativa no parece implicar mucho más que la interpretación
descriptiva: a fin de cuentas, ambas se limitan a describir el conjunto de
creencias que consideramos válidas. Quizá, a lo sumo, podemos decir que la
primera describe nuestro conjunto actual de creencias, y la segunda el “rango”
dentro del cual estaríamos dispuestos a negociar una concepción de la justicia.
3. En función de
esto, cabe preguntarse cuál es el tipo de objetividad requerida para la
deliberación moral: si es suficiente “poner nuestras creencias en orden” y
sostener un criterio coherentista de la verdad moral, o bien existe un criterio
de correspondencia al que acudir para evaluar cuáles son las creencias que
resultan “inicialmente plausibles” y, fundamentalmente, para decidir acerca de
las creencias morales que consideramos aberrantes. La indicación es Scanlon es lo
suficientemente vaga como para tener la forma de una respuesta, sin serlo: “The
kind of objectivity that is appropriate to morality does not require that it
should be about independently existing entities but rather that it should be a
way of reasoning about what to do that is distinct from any given individual`s
point of view and yields determinate answers in at least many cases” 146
4. Finalmente,
cabría preguntarse por la justificación de ER como método de justificación.
Esta cuestión tiene al menos dos aristas: por un lado, podríamos preguntarnos
si la aceptación de ER no requiere de un cierto conjunto de creencias que no
sean ellas mismas un resultado de una forma particular de ver las cosas (el
“punto de vista liberal”). Por otro lado, queda por ver si la única forma en la
que las creencias quedan justificadas es pasándolas a través del filtro de ER:
algunas personas piensan, por ejemplo, que estar en contra del aborto y a favor
de la eutanasia es moralmente correcto de una manera tan evidente que
considerarían ofensivo que alguien les indicara que deben adoptar la actitud
falibilista y tentativa que parece requerir ER. En otras palabras: ¿podemos
tener creencias (políticas o morales, aplicables a la estructura básica de la
sociedad) que no sean avaladas por ER y aún así sean legítimas? ¿Cuál es el
límite de la deliberación? ¿En qué momento debemos recurrir al “así hacemos las
cosas” rortyano?
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